Todo, y todos somos energía, energía en constante transformación.
Y nuestra energía personal es lo único que nos pertenece realmente porque es de ella que somos y pensamos, soñamos y construimos nuestra vida. Es nuestro potencial de realización.
Y cuando las experiencias personales, las propias y las transgeneracionales, o sea, las que vivieron nuestros ancestros, se hacen dolorosas, encierran secretos, daños o exclusiones, esas vivencias se hacen huellas emocionales profundas que atrapan la energía impidiendo la libre manifestación de la vida, el disfrute y la creación. Obstruyendo la plena realización del propio potencial personal, el florecimiento de la vida.
Para descubrirlo, tenemos que ser conscientes de nosotros mismos y de nuestro sistema familiar, sanar las líneas de tiempo donde nos hemos detenido, liberando las memorias emocionales del cuerpo (las propias y las ancestrales), recuperando la energía, nuestra ENERGÍA, la que nos pertenece y nos es necesaria para ASUMIR COMO ADULTOS el camino del Nuevo Tiempo: eligiendo con consciencia, viviendo con libertad, tomando decisiones, actuando en coherencia con la propia ALMA y abriendo los brazos a la vida con plena confianza.