Una semilla de ahuyama que llega a mi compostera, origina naturalmente una planta que pronto se extiende alrededor buscando su camino para florecer, dar sus frutos multiplicados y miles de posibles nuevas plantas, y flores, y frutos y más y más… revelándome el imparable milagro de la vida.
Siembra, y la tierra de vuelta te devolverá su cosecha, es inevitable.
La ley es la misma en cualquier rincón de nuestro planeta.
Igualmente, siembra semillas nuevas en tu pensamiento en forma de reflexiones que se hagan creencias renovadas, ideas frescas, porque hasta la más pequeña e insignificante, se hará vida en el jardín de tu futuro.
Abónala con una clara intención en tu corazón y tu fuerza interna aplicada a su realización, para que el Universo haga calle de honor para ti y fluyas sin obstáculo alguno, haciendo posible eso que llamas buena suerte, y a veces, milagros.
Sin embargo, el miedo, la preocupación constante en tu mente y la necesidad de defenderte sin que nada te amenace, te impiden el CONTACTO contigo, saber qué sientes, qué quieres y así realizar la siembra intencional para preparar la cosecha perfecta. Esto te hace actuar como autómata, reaccionar desproporcionadamente, ignorar o maltratar a quienes encuentras en tu camino.