La vida me entregó oportunidades. Es indudable. Recibo ese privilegio, lo valoro y lo agradezco.
Y también confió tanto en mí que me trajo contrariedades, frustraciones y grandes desafíos.
A veces pensaba que la vida se había equivocado conmigo. Que algún día reconocería mi esfuerzo y mi compromiso, y me entregaría lo que merecía.
Como muchas personas, creía que una vida más fácil, más cómoda y con más apoyo representaba la felicidad, la que estaba al final del plan que había diseñado cuidadosamente.
Pero la vida, una y otra vez, me mostró otros caminos.
Tenía otros planes.
Mi capacidad para soñar y trabajar no tenía límites y, sin embargo, muchos de mis proyectos terminaban lejos del éxito que esperaba.
Las pérdidas aparecían bajo diferentes formas:
Personas que creía para siempre se apartaban de mi camino. Lugares que amaba entrañablemente desaparecían.
Empresas, socios y sueños quedaban a la mitad y se desvanecían.
Mucho de lo que una vez soñé no se hizo realidad.
Y, sin embargo, después de tanta vida, comprendo que su sabiduría es más profunda que mi fantasía.
Pedí comodidad y recibí oportunidades de transformación.
Pedí certezas y recibí lecciones de fuerza y resistencia.
Pedí reconocimiento y recibí aprendizajes a través de los desaciertos.
Me esforcé por ganar control y predicción, y recibí confianza. Y una fe inquebrantable en la perfección de lo que sucede, incluso en medio del horror y el caos.
Al mirar atrás, descubro que las experiencias que más me hicieron sufrir fueron también los puntos de partida para despertar mi sensibilidad, desarrollar mi fortaleza y expandir mi capacidad de amar.
Y lo que parecía una pérdida terminó convirtiéndose en una bendición.
Ahora sé que esta alquimia no sucede sin dolor.
Y comprendo que cada experiencia trae consigo una semilla de evolución, que cada desafío contiene una enseñanza y cada final es, en realidad, el comienzo de una renovación.
Reconozco que la vida me dio exactamente lo que necesitaba para encontrarme, en esta línea de tiempo, más cerca de mí misma.
Más cerca de mi esencia.
Más confiada de mi futuro.
No porque todo sea perfecto.
No porque tenga todas las respuestas.
Sino porque he descubierto que existe una sabiduría más grande que mis expectativas.
Porque los códigos secretos de la arquitectura de vida crean el camino perfecto para que vaya, paso a paso, hacia lo que me ha traído, ser yo misma.
Y por eso, hoy, celebrando mi cumpleaños, solo puedo decir:
Gracias Vida, has cumplido, me has dado lo que merecía.